jueves, 15 de diciembre de 2011

Veintitres .

De algo estoy segura, no se puede comparar con nada. La sensación es simplemente única. Se parece a tocar el cielo con una mano, no, muchísimo mejor. No es sólo tocarlo, es poder saltar sobre las nubes, sentir mariposas en la tripa, cerrar los ojos, disfrutarlo, sentirte única, querida. Y mientras, sus manos se apoyan en mi espalda. Durante un momento, te abraza con más fuerza. Silencio, algún que otro suspiro. No hacen faltan palabras, sabes de sobra todo lo que te quiere, aunque nunca te lo haya dicho.
Y ese sabor que persiste en los labios, es la prueba de todo ello.

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